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from the December 2021 issue

Estadísticas

Trescientos ochenta y un metros, ciento dos plantas y seis mil quinientas ventanas. Se sabe que más de dos millones y medio de personas visitan cada año el Empire State Building. Un promedio de ochenta y siete parejas al mes se comprometen en su observatorio. Se calcula que la dimensión de un anillo de compromiso es directamente proporcional a la infelicidad de los contrayentes. Tres de cada diez mujeres de entre veinticuatro y treinta años de edad y de visita en Nueva York durante un fin de semana confirman que el tamaño importa. Es conocido que el edificio posee mil quinientos setenta y seis escalones y que los ascensores casi nunca se estropean. Se tardan siete minutos y treinta cuatro segundos caminando del vestíbulo a la estación de metro. Un individuo y su recién prometida pueden llegar a cruzarse con doscientas catorce personas entre la Quinta y la Séptima Avenida. El metro de la ciudad está considerado el más sucio de este mundo y de otros universos paralelos. Recientemente, el número de quejas por la plaga de ratas ascendió a veinticuatro mil ciento ochenta y seis. En una mala noche, el vagón de tren de la línea roja necesita más de media hora para aparecer y no menos de veintidós minutos al peregrinar por once estaciones hacia el sur de Manhattan. En ocasiones, el ruido de las vías alcanza ciento seis decibelios. Más de dieciocho mil cámaras de seguridad de la Policía de la Ciudad de Nueva York captan miles de imágenes por segundo. La nueva terminal de Whitehall cuenta con cinco escaleras mecánicas y veintiocho bancos de granito. El Ferry de Staten Island transporta a más de sesenta y seis mil personas cada día. En invierno, el viento sobrepasa con frecuencia los setenta kilómetros por hora, la sensación térmica roza los veinticinco grados bajo cero y la niebla del trayecto nocturno puede ocultar los noventa y tres metros de la Estatua de la Libertad. Nueve personas han caído al agua en circunstancias extrañas desde comienzos de año. Tres de cada diez mujeres de entre veinticuatro y treinta años de edad y de visita en Nueva York durante un fin de semana nunca aprendieron a nadar. Se calcula que dentro del Río Hudson el peso de un anillo de compromiso es inversamente proporcional a las posibilidades de salvación.

 

© Álvaro Baquero-PecinoOriginally published in Los bárbaros. All rights reserved.

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